sábado, 12 de julio de 2014

Dime que me amas, mi Luna.





Aún recuerdo como brillaba la luna aquella noche. Nunca hubiera imaginado que al salir del trabajo, y con una petición de lo más habitual entre nosotros, fuera a ocasionar que nuestra relación cambiara lo suficiente para que ahora, ambos, los que para entonces éramos los mejores amigos que residían en el mundo, pasáramos a ser, amantes.

Si bien recuerdo, aquella noche estábamos dispuestos a combatir por el primer puesto entre los expertos comedores de pizza, y ahora puedo confirmar, que ni tú ni yo lo conseguimos. Puedo asegurarte que no te invité a mi apartamento con la idea de que nos acostáramos, pero, aquellas cervezas y aquel vodka que compráramos en aquel supermercado cercano a mi apartamento, hizo que nos animáramos como ninguna otra vez. 

No recuerdo cómo llegamos a estar tumbados en aquel rincón del salón, sobre el enmoquetado comiéndonos a más que besos. Mis manos podrían dibujar perfectamente la silueta de tu cuerpo en éste mismo momento. Ellas se deslizaban sin escrúpulos por cada milímetro de esta, como si así grabaran en mi mente tu tacto, la humedad de tu cuerpo, y tu aroma. Recuerdo cada jadeo y gemido que chocara contra mis oídos mientras te hacía mío sin darme apenas cuenta de que, aquella noche me habías embrujado, hechizado, enamorado.

Tan solo ha pasado un año desde que aquella noche pasara, y aún puedo sentirla en mi piel cuando la recuerdo. Mi luna me enamoró y por muy repentino que sonara, en tan solo un mes te llevé conmigo y te hice mi pareja, pero no una pareja de novios, no. En tan solo un mes más, te convertiste en el hombre de mi vida y, ahora, cuando giro el rostro y observo la luna, solo puedo sentirme amado y bendecido. 

Pido a la Luna que día tras día me dé más vida para amarte. Más vida para atarte posesivamente a mí. No quiero que mis ojos dejen de mirarte, y mucho menos que dejes de refugiarte en mi cuerpo. Creo que me volvería loco. Sería como arrancar de raíz aquello de lo que estás viciado hasta el límite. Sí, así es, estar a tu lado se ha convertido en un vicio de cual no quiero escapar.

Ahora mismo la Luna brilla con fuerza en el cielo de la noche. Brilla más que cualquier otra cosa que puedan observar mis ojos en éste momento. Tú duermes plácidamente en nuestro lecho, e incluso lo hace nuestro perro. Yo no puedo dormir. No puedo conciliar el sueño. Supongo que son los nervios al pensar que en tan solo dos días tendremos entre nosotros a un pequeño que nos llamará “papas” en cuanto aprenda a hablar.
Es increíble hasta donde hemos llegado en tan solo un año. Es, un sueño que quizá se haya hecho realidad muy rápido, pero, un sueño que quiero seguir soñando hasta que mi corazón se pare y no pueda verte más.

1 comentario: