Cuando todos me preguntan por ti, no sé qué decirles
realmente. Llevamos “viéndonos”
aproximadamente un año, y si soy sincero conmigo mismo, no soy capaz de dar ese
gran paso de enlazar mi vida a la de otra persona. Es una tontería, lo sé, pero,
no quiero acabar como ese grupo de parejas que cambian un “estatus” sentimental
y con ello provocan el caos. Simplemente deseo que permanezcas junto a mí sin
una palabra o una frase que diga que tú eres mío, que solo me perteneces a mí,
y que nada ni nadie puede llevarte lejos.
Mi madre no deja de decirme que tarde o temprano vendrás a mí
con una retahíla de palabras exigiéndome de aquella manera que salgamos, que
ponga un anillo en tu mano y que te conviertas, a ojos de toda una sociedad, en
mi pareja para toda la vida. Mi padre, disfruta haciéndome la vida imposible llevándome
a imaginar lo que puede llegar a pasar si hago eso y me saltas con una negativa
inesperada. Mi hermana, Tiffany, disfruta día a día preguntándome si he comprado
un anillo y si en el banquete que elijamos habrá mariscos. Pero yo, la verdad,
cuando más pienso en todas aquellas expectativas de futuro que tienen las
personas de mi alrededor, más me doy cuenta que no necesito de ellas.
Hoy he despertado con la sensación de que por más que pase
el tiempo, tú y yo, nos encontramos vagando por el mismo camino. Nos tomamos de
las manos y cuando lo hacemos, es como si el mundo se parara y mis pies rozaran
el suelo, un suelo frío que a tu lado se convierte en la más cálida arena. A
decir verdad, lo eres todo. Eres mi vida, mis sueños, mi día a día, mi escudo protector,
quién actúa de despertador en la madrugada, mi cocinero exquisito, mis noches
de pasión, y mi amor, lo cual es lo más importante.
Te amo, y ambas palabras se quedan cortas con el hecho de
amarte a ti. Quizá es un amor idílico, lleno de cosas a las que no puedo poner
nombre pero, ¿acaso hay manera posible de describir con palabras lo que
sentimos por alguien?. Creo que es algo imposible realmente. A mí al menos me
cuesta un horror intentar escribir, en las flores que te regalo cada primero de
mes, lo agradecido que estoy por tenerte conmigo. Sí, es complicado poner
una frase sin que esta quede inconclusa, o aún peor, que signifique tan poco
que al leerla tú, quedes con ese amargor de pensar que no siento lo mismo por
ti.
El sol está rozando mi piel, y ahora siento que es tu calor
el que me acompaña, el que me rodea y me ata a un mundo de relajación idónea
para dormir y quedarse así durante horas. En el ambiente esas pequeñas gotas
vuelan hasta chocar con mi rostro. La brisa es tan fresca que me ha llevado a
colocar alrededor de mi cuello, aquel pañuelo gris que me regalaste hace ya un
mes. Realmente es extraño estar en esta playa sin ti. Este es el lugar donde
hemos disfrutado de momentos imborrables que guardaré por siempre en mi memoria.
Me pregunto si habrás leído aquella nota escueta que dejé pegada en el
frigorífico justo al lado de nuestra fotografía en el Zoo. Espero que no te
imagines qué es lo que pienso hacer en cuanto llegues. Quizá solamente pienses
en abrazarme, o besarme, pero yo pienso en otra cosa aún más importante.
Hace unos días en la biblioteca que hay rumbo a nuestro
piso, me encontré con un libro en el que explicaba una manera de unir nuestras
almas. Era algo sencillo y que solo precisaba de dos personas enamoradas y
dispuestas a unirte por toda una eternidad, un lazo rojo, dos rosas y una llama
en la que quemar nuestros votos. Una unión idílica, llena de sentimiento, llena
de amor, así como el que nos une en este preciso momento. Solo seremos tú y yo,
tú serás mi alma gemela por el resto de tus días, y yo, seré quien cuide de tu corazón
cada día de tu vida.
Cuando hay amor no es necesario un papel para decir que se perteneces, que yo soy tu dueño, etc., cuando hay amor solo es necesario estar juntos.
ResponderEliminar